domingo, 16 de diciembre de 2012

Una noche diferente.

Me encontraba en una ciudad oscura, las luces de las farolas estaban apagadas, las tiendas y bares estaban cerrados, las casas estaban cubiertas por una niebla que impedía verlas claramente, los cuervos volaban por el cielo atravesando la luna llena, a lo lejos se escuchaba el aullido de los lobos. No era una noche cualquiera, esta noche era... diferente.

Me encontraba solo, cada paso que daba hacía que me adentrara más en la oscuridad, estaba asustado, pero tenía que salir de ese lugar cuánto antes. Para ello, decidí arriesgarme, así que me armé de valor y cada paso que daba fue aumentando su velocidad considerablemente, hasta el punto que me hallé en una inmensa oscuridad, en la cual, estaba perdido. No sabía cómo salir de ahí, barajé varias posibilidades, una de ellas era volver por donde había venido, pero ello me hacía perderme aún más. Estaba cansando, el día había sido muy largo, no me encontraba bien físicamente, empecé a marearme, las manos me temblaban al igual que las piernas, no podía mantener el equilibrio en ese momento, mi cuerpo cayó rendido golpeándose contra en suelo.

Al día siguiente me desperté en ese mismo lugar, la oscuridad había desaparecido, no entendía nada, el lugar de la pasada noche había cambiado radicalmente, se escuchaba el sonido de los pájaros que cantaban alegremente por la mañana, el sol brillaba en su máximo esplendor, las personas hablaban amablemente por las calles, todo era tan distinto que dudaba de la verdadera realidad de esa noche. Nunca sabré si esa noche fue real o fue un producto de mi imaginación, lo único que sé es que me desmayé, y al día siguiente amanecí tendido en el suelo en ese mismo lugar, el cual, dudo de su existencia.





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